forex El objetivo de este artículo es aproximarse a la cuestión de los biocombustibles desde la perspectiva del comercio internacional y del derecho de la OMC con el objeto de examinar el estado actual del problema y de introducir, ahí donde sea pertinente, la noción de desarrollo sostenible. Por consiguiente, el impacto ambiental y los riesgos relativos a la disponibilidad y acceso de los alimentos han puesto de relieve la necesidad de reenfocar el problema desde la perspectiva del ciclo de vida así como de los métodos de proceso y producción, los que a su turno deberán encontrar acomodo dentro de las reglas que gobiernan el comercio internacional de los biocombustibles. El impacto de los biocombustibles en la seguridad alimentaria se ha limitado al debate rotulado “alimentos, piensos o combustibles” (food, feed or fuel); debate que representa la cara más mediática del problema.25 Sin embargo, el problema trasciende a cuestiones más complejas. Para un auténtico análisis sobre las posibles consecuencias de la expansión de la producción de biocombustibles líquidos -lo cual excede los objetivos de este artículo-, habría que examinar cómo se ven afectadas las cuatro dimensiones de la seguridad alimentaria: disponibilidad, acceso, estabilidad y utilización. Los aspectos más problemáticos de la producción y del comercio internacional de esta nueva fuente de energía dicen relación principalmente con los riesgos para la seguridad alimentaria y con el impacto ambiental.

comercio Tienes buena salud, cuentas con mucha energía y podrás realizar todo tu cometido sin problemas. Sin embargo, problemas como la falta de consenso entre los principales actores sobre los canales de distribución de los productos (mercado alternativo versus mercado convencional) o la exclusión de los pequeños productores en el proceso de toma de decisiones del ámbito internacional, llevan a pensar que el comercio justo puede perder su carácter de alternativa y tomar el mismo matiz mercantilista que el comercio convencional. Los biocombustibles, la mayor demanda de países en desarrollo como China e India (cambios en la dieta) y las diversas sequías que han asolado distintos puntos del planeta (como el caso de Australia en 2007) explican este aumento que deja a su paso serios problemas de hambruna y revueltas en la población. Si la utilización de dichos recursos es “desviada” o atraída por el sector de los biocombustibles, no se encontrarán disponibles para la producción de alimentos y comienza así la competencia entre los cultivos energéticos y los cultivos alimentarios. En cualquier caso, dichos porcentajes, aunque aparentemente bajos, tienen efectos prácticos de consideración. «Podemos hablar de unas relaciones económicas y comerciales sólidas y crecientes entre nuestros dos países, aunque se hayan visto coyunturalmente afectadas por la actual pandemia.

Aunque está bien desarrollada la tecnología para producir etanol a partir de granos y cultivos azucareros, o biodiésel a partir de aceites vegetales, estas diferencias en los costos de producción se deben fundamentalmente a los costos de la materia prima, el tipo de energía usado (tanto calor como electricidad) y los precios obtenidos por los subproductos derivados durante el proceso de producción.20 En general, el etanol es más competitivo y se espera que siga siéndolo debido a que los costos de producción han caído mucho más rápido que los del biodiésel. Los precios internacionales de los alimentos han experimentado fuertes subidas en los últimos años. Su interés en el etanol se inicia en los años 70 en respuesta a la primera crisis del petróleo y por lo tanto el desarrollo de la industria del etanol fue impulsado principalmente por motivos económicos. Resulta difícil averiguar la incidencia de cada una de estas causas, pero lo que está fuera de duda es que mientras las sequías resultan poco controlables y casi son impredecibles y la mayor demanda de alimentos en países en desarrollo es un signo positivo y no negativo, lo único corregible son las políticas que inspiran la producción de biocombustibles que han develado la creación de riesgos no previstos como los derivados de la competencia con los cultivos agrícolas.

El resultado de las políticas mencionadas, más allá del origen o los motivos que las inspiran, ha hecho posible la creación de un mercado que probablemente no hubiera surgido de modo espontáneo. De acuerdo con la AIE, 14 millones de hectáreas en el mundo -correspondientes al 1 por ciento de la tierra cultivable- están actualmente destinadas a la producción de biocombustibles y se espera que para el año 2030 alcance el 2,5 o 3,8 por ciento del total de tierras cultivables según el escenario que se utilice como referencia. Nacido en 1962 en Ibahernando (Cáceres), ha sido merecedor del Premio Mariano de Cavia por su artículo «La revolución de los ricos», publicado en ‘El País Semanal’ el 8 de marzo de 2020. Leer a Javier Cercas, una referencia de la libertad en su sentido más amplio, es encontrarse con la mejor literatura. Por lo tanto, a pesar de que en la actualidad los biocombustibles representan poco más del 1 por ciento de la demanda total de combustible para transporte (y entre el 4 y el 7 por ciento según las proyecciones de la AIE para el 2030 dependiendo del escenario),22 los biocombustibles parecen una buena oportunidad frente a los elevados precios del crudo internacional.